COMODORO DEL AIRE ARTURO MERINO BENÍTEZ

1930, 1931 y 1932

Por lo grandioso de su obra, por su visión de futuro, su perseverancia, liderazgo y probidad, por su valor e integridad y, por su gran amor a la Patria, para la cual supo poner la aviación a su pleno servicio y progreso, es reconocido por todos los aviadores como “EL PROCER DE LA AERONÁUTICA CHILENA”.

Nacido en Chillán el 17 de mayo de 1888, ingresó a la Escuela Militar antes de cumplir los quince años de edad. Destacó como Cadete, siendo designa­do por sus méritos Brigadier Mayor y egresando en 1908 como Teniente 2º de Artillería con sobresalientes calificaciones. Siendo Oficial de la Escuela Militar ascendió, por méritos, a Capitán en 1913. Egresó de la Academia de Guerra en 1917 como Oficial de Estado Mayor y al año siguiente, 1918, pronunció su recordada conferencia “Sobre futura proporcionalidad de las distintas Armas”, en la cual hacía presente la superioridad de la aviación so­bre la caballería en la exploración a larga distancia y en el combate mismo, y su acelerado desarrollo que había aumentado el efecto de las armas de fuego, por todo lo cual él pronosticaba que era natural esperar un aumento en la proporción de aviones, cañones y ametralladoras en los Ejércitos.

En 1922 se encontraba sirviendo como Agregado Militar a la Embajada de Chile en Brasil, cuando arribó a Río de Janeiro el Capitán Diego Aracena Aguilar, culminando el más largo crucero aéreo efectuado en Latinoamérica hasta ese momento, lo que contribuyó a aumentar su interés por la avi­ación como medio moderno de comunicación e integración.

En 1926 ingresó a los servicios aéreos del Ejército, como Director de la Es­cuela de Aviación, siendo Mayor de Ejército del arma de Artillería. Al poco tiempo y ya con 38 años de edad, voluntariamente hizo su curso de piloto, porque lo sintió como una obligación moral ya que debía mandar a pilotos, lo que evidencia su gran sentido de responsabilidad y de superación.

En 1928 asume la Dirección de Aviación del Ejército, organismo recién cre­ado, del que fue su primer Director. Esta designación y el apoyo del Presi­dente de la República, General don Carlos Ibáñez del Campo, le permiten llevar a cabo sus grandes ideas sobre lo que debía ser y significar la avi­ación en Chile, tanto militar, como civil y comercial, logros que se detallan más adelante.

El 21 de marzo de 1930, siendo Teniente Coronel asume, con el título de Subsecretario de Aviación, el mando de la Fuerza Aérea Nacional, creada por Decreto 1.167 de la misma fecha. No existía todavía el cargo de Co­mandante en Jefe, ya que antes de crearse la Fuerza Aérea existía un Min­isterio de Guerra y uno de Marina que regían al Ejército y a la Armada, respectivamente. Solamente a partir de 1932, cuando se crea el Ministerio de Defensa Nacional, con tuición sobre las tres ramas de la Defensa, se crean los cargos de Comandantes en Jefe en cada arma, reportando a un solo Ministro.

Ejerció el mando institucional, con el grado de Comandante de Grupo, durante 1930 y 1931, pero los avatares de la situación política nacional lo alejaron de su cargo a fines de este último año. Fue reincorporado poste­riormente en junio de 1932, esta vez con el título de Comandante en Jefe de la Fuerza Aérea, y tres meses más tarde, el 02 de septiembre de 1932, se cursó su ascenso a Comodoro del Aire (rango de General). Terminó su carrera militar definitivamente el 15 de septiembre de 1932, en que se acogió a retiro.

Previo a esto, el 21 de julio de 1932 se había promulgado el Decreto Nº 247, que otorgó personalidad jurídica a la Línea Aérea Nacional, designán­dose un Consejo Directivo presidido por Merino Benítez. Posterior a su retiro, presentó su renuncia la cual fue rechazada por el Presidente electo, don Arturo Alessandri Palma, al cual acompañó hasta agosto de 1938, prácticamente todo su mandato presidencial, dándole a dicha empresa el enorme impulso que le permitió consolidarse como la principal aerolínea nacional hasta la actualidad.

Años más tarde volvió a dirigir la Línea Aérea Nacional, siendo nombrado Vicepresidente Ejecutivo de ella el 11 de noviembre de 1952, cargo que ejerció hasta el 24 de agosto de 1954, a partir de lo cual se dedicó a activi­dades particulares.

La Fuerza Aérea tuvo el privilegio de rendirle un merecido homenaje en vida el 21 de marzo de 1970, con motivo de cumplirse los 40 años de vida institucional. En una emotiva ceremonia, con distinguidos invitados extranjeros y un espectacular desfile aéreo y terrestre, el Presidente de la República don Eduardo Frei Montalva condecoró al Comodoro Merino Benítez con una medalla de oro que tenía la siguiente inscripción: “Al insig­ne y primer Comandante en Jefe de la Fuerza Aérea de Chile. 1930-1970”.

Falleció en Santiago el 2 de mayo de 1970, faltándole días para cumplir los ochenta y dos años de vida. Entre su descendencia se cuentan dos presti­giosos Oficiales y destacados pilotos de la Fuerza Aérea.

Fue un líder nato. Su ascendiente de mando, liderazgo, firmeza, rectitud y perseverancia en todas sus actuaciones, le ganaron siempre la mayor ad­hesión y lealtad de su personal. A lo anterior, se unía su gran honestidad moral y material, predicando con su ejemplo personal estas virtudes. Le correspondió durante su jefatura efectuar varias adquisiciones de material aéreo, para uso militar y comercial, e incluso una fábrica de aviones (Cur­tiss en Los Cerrillos) y jamás se cuestionó su probidad.

Con gran visión de futuro, visualizó la aviación como el medio más mod­erno, rápido y efectivo para unir territorialmente todo Chile. Cuando el Presidente Ibáñez le expresó su desaliento por las dificultades geográficas para comunicarse con los habitantes del territorio austral, Merino le re­spondió: “Yo tengo un camino construido: ¡el de los cielos de Chile! ” Luchó incansablemente por ello, arriesgando incluso su vida, como en el caso del accidente de Aguas Frescas, en Punta Arenas en enero de 1930. En esa oportunidad, Merino se mantuvo horas a bordo de su avión accidentado en el Estrecho de Magallanes y fue rescatado cuando ya estaba prácticamente sumergido en sus heladas aguas.

Profundamente nacionalista: se opuso tenazmente a que el tráfico aéreo en Chile fuera servido por líneas extranjeras y luchó por tener una línea na­cional. Firme en su convicción, incluso se batió a duelo con el Comandante Vergara Montero quien sostenía una tesis contraria. Para su ropa usaba solamente telas nacionales y sólo permitía vino chileno en lugar de licores extranjeros, para recepciones o consumo particular.

Obras y realizaciones
Su obra más maciza es sin duda, haber sentado las bases y puesto en marcha el SISTEMA AERONAUTICO NACIONAL, tal como lo conocemos ahora. Teóricamente había sido esbozado por el Estado Mayor del Ejército en 1926, pero era necesario un líder como Merino para materializarlo en hechos concretos. Puede verse la obra de Merino a la luz de los componen­tes del Poder Aéreo:

Componente de Fuerza
La Defensa del país se efectúa en aire, mar y tierra; cada una de ellas con su respectivo instrumento bélico. Hasta 1930 no existía como tal en el aire, solamente Ejército y Armada para la superficie. Merino, con el de­cidido respaldo del Presidente de la República, General Carlos Ibáñez del Campo, logra el 21 de marzo de 1930 la creación de la Fuerza Aérea como institución independiente de las otras dos y con el mando único sobre los medios aéreos de combate de la Defensa Nacional.

Hasta ese momento existían, no solo en Chile sino en todos los países, una concepción paralela del empleo de los medios de defensa, con muy poca conexión entre la estrategia terrestre y la naval, por razones obvias del escenario y de los medios de cada cual. Al crearse la Fuerza Aérea y tal como lo había previsto Merino en 1918, la aviación pasa a tener un papel preponderante en la estructura de la defensa nacional, ya que los medios de superficie no pueden desentenderse de la amenaza desde la altura.

Es por esta razón que la creación en 1930 de la Fuerza Aérea como in­strumento militar, en menos de dos años obliga a establecer un Ministerio de Defensa, común para las tres Instituciones y, más importante aún, in­troduce en las concepciones estratégicas, la lógica inevitable del EMPLEO CONJUNTO de las fuerzas de aire, mar y tierra. Esta lógica ha tomado su tiempo en asentarse, pero en la actualidad es un hecho comúnmente acep­tado por la mayor eficiencia y sinergia que se produce en el empleo de los medios.

Componente de Desarrollo
Aviación comercial
En 1928 plantea el establecimiento de una línea aeropostal al Norte del país, proyecto que fue aprobado finalmente por el Presidente Ibáñez, quien ordenó la compra de 20 aviones Cirrus Moth para el futuro servicio. El Servicio Aéreo del Ejército había creado en Santiago, en 1926, los Grupos Mixtos de Aviación Nº 1 y 3, con la intención de asentarlos posteriormente en Iquique y en Temuco. Cuando Merino Benítez es nombrado en 1928 Di­rector General de Aeronáutica del Ejército, se materializa este propósito.

El Grupo Nº 1 en Iquique y las postas que establece desde la capital hasta Arica, permiten que el 5 de marzo de 1929, se inaugure la “Línea Aero­postal Santiago-Arica”, que tres años más tarde se convierte en la LÍNEA AÉREA NACIONAL.

Dentro de este mismo espíritu, encabezó varios cruceros hacia la zona Sur y dispuso en 1928 el asentamiento en Temuco del Grupo Mixto de Avi­ación Nº 3. Al año siguiente, 1929, crea la Escuadrilla de Anfibios Nº1 en Puerto Montt, con la cual echa a andar la “Línea Experimental Puerto Montt-Aysén”, como una primera etapa de la futura línea a Magallanes. En enero de 1930 llega finalmente a Punta Arenas en un trimotor Junkers, siendo la primera vez que un avión llegaba a dicha ciudad en vuelo desde el centro del territorio nacional. Allí sucede el accidente de Aguas Frescas.

Con todos estos avances, cuando en 1930 se crea la Fuerza Aérea, ya ex­istía una base material sólida para sustentarla, formada por pilotos, tripu­laciones, aviones y aeródromos, como producto del titánico esfuerzo de Merino Benítez en los cuatro años anteriores.

Durante la década de los treintas, se establece un servicio a Magallanes desde Puerto Montt, con dos bimotores Sikorsky de la Fuerza Aérea Nacio­nal que, aunque de corta vida, dejó los fundamentos necesarios para que en la década de los cuarentas, la Línea Aérea Nacional iniciara el servicio comercial de dicha ruta con aviones de itinerario.

De esta forma, gracias al tesón, la visión y el sacrificio de Merino Benítez, el territorio nacional quedó finalmente unido en su totalidad por el camino que él le había prometido al Presidente Ibáñez: el de los cielos de Chile.

Aviación civil y deportiva
Merino Benítez siempre vio en los pilotos civiles una reserva valiosa para integrar la dotación de la Fuerza Aérea en casos de emergencias mayores. Por esa razón, fundó el Club Aéreo de Chile, en mayo de 1928, y le propor­cionó la más estrecha y decidida colaboración de la Fuerza Aérea para ir dando vida a los Clubes Aéreos a lo largo del país.

Oficiales pilotos se desempeñaban como Instructores de vuelo de dichos Clubes, Oficiales Ingenieros y mecánicos de la Fuerza Aérea apoyaban el mantenimiento de su material aéreo y fue así como se generó una impor­tante masa de pilotos civiles, preparados metódica y disciplinadamente, que fueron posteriormente generando a su vez, sus propios instructores. Desde el comienzo, Merino dispuso que los pilotos civiles pasaran a inte­grar la Reserva de la Fuerza Aérea como Oficiales y los incorporó perman­entemente a las actividades institucionales.

Con el tiempo, el Club Aéreo de Chile original agrupó a todos los Clubes Aéreos que se fueron formando en el país, por lo cual tomó su nombre actual de FEDERACIÓN AÉREA DE CHILE. Al mismo tiempo y para un mejor ordenamiento y seguridad de las actividades de la aviación civil y comer­cial, Merino Benítez logró la creación de la DIRECCIÓN DE AERONÁUTICA el 28 de marzo de 1930, organismo que hasta nuestros días cumple dichas funciones, además de velar por la seguridad de la aeronavegación en el espacio aéreo chileno.

Conciencia aérea nacional
Merino previó que era fundamental que la ciudadanía tomara conciencia lo más directa posible de los beneficios y posibilidades que le ofrecía la aviación, para su comunicación y progreso. Por esta razón impulsó la for­mación de una conciencia aérea ciudadana, a través de discursos, con­ferencias, artículos de prensa, y además con frecuentes vuelos públicos de grandes formaciones, que impactaban al público y que despertaron muchas vocaciones en la juventud para ingresar a la Fuerza Aérea o los Clubes Aéreos.

Industria aeronáutica
Probablemente en esa época no se conocía el término actual de “off sets”, pero ya en 1930 Merino Benítez tenía el concepto de que las adquisiciones de material aéreo dejaran también un beneficio residual en el país. Por esta razón, cuando a fines de 1928 se decidió la adquisición de 20 aviones biplaza Curtiss, modelo “Falcon” para la Fuerza Aérea, Merino hizo colo­car como condición inamovible en el contrato, que la empresa vendedora, la Curtiss Aeroplane Export Corporation, instalara una fábrica de aviones para producir dichos aviones en Chile.

Consecuente con su profundo espíritu nacionalista, estipuló que debía em­plearse mano de obra nacional. Con este propósito, 25 técnicos egresados de la Escuela de Artes} y Oficios viajaron a Buffalo, Estados Unidos, en abril de 1930, para recibir instrucción en la propia fábrica matriz. De esta manera, en octubre de 1930 se inauguró la FABRICA DE AVIONES en Los Cerrillos, con técnicos norteamericanos y los operarios chilenos instruidos en los Estados Unidos. Resulta entonces Merino Benítez, un pionero intu­itivo de lo que en esta época se conoce como “off set” y que está siendo cada vez más habitual en estas adquisiciones.

Infraestructura aeronáutica
Una de las grandes dificultades que se tuvieron desde los primeros inten­tos para expandir las líneas de comunicaciones aéreas desde El Bosque ha­cia el resto del país, fue la falta de una adecuada infraestructura, ya fueran canchas de aterrizaje, instalaciones meteorológicas, señalizaciones y, más adelante, radiocomunicaciones.

Los pilotos de la Línea Aeropostal al norte salían en cada oportunidad, como decían en su jerga: “a hacerle pelea a la ruta”. Por telegramas se informaban de la situación meteorológica en el punto de destino, pero no podían saber como se les iba a presentar durante el trayecto. Lo precario de los lugares de aterrizaje añadía un factor adicional de riesgo a esos vuelos, pese a lo cual Merino Benítez supo imprimirle una mística especial a sus pilotos que los llevó a tratar de cumplir con los itinerarios a todo trance.

Recorrió personalmente las postas hacia el norte y sur, destacó personal en cada sitio para ir reparando permanentemente el terreno y fijando las de­marcaciones, fue generando puestos de observación meteorológica y me­joró la comunicación telegráfica. Al mismo tiempo, ante la falta de carto­grafía apropiada para la aeronáutica, dispuso la creación del GABINETE DE FOTOGRAMETRÍA AÉREA, el 12 de julio de 1930, iniciativa de largo plazo tendiente a formar un capital de fotos aéreas que permitiera posterior­mente, en conjunto con el Instituto Geográfico Militar, producir cartografía más exacta de Chile. Dicho Gabinete es el antecesor del actual Servicio Aerofotogramétrico “General Juan Soler Manfredini”, que es el represent­ante oficial del Estado de Chile en estas materias.